La arqueología espacial

Si habéis llegado aquí con la esperanza de encontrar historias sobre la excavación de monolitos negros en la Luna lo lamento pero esto no va de intrépidos arqueólogos buscando artefactos en otros astros y planetas. Ese terreno se lo dejamos a la ficción –no obstante si os gusta el género no os perdáis Las Máquinas de Dios. Aquí voy a hablar de arqueología espacial no entendiendo el espacio en su acepción de exterior o sideral sino en su acepción de dimensión: largo, ancho y alto.

La arqueología espacial estudia la relación entre la cultura material arqueológica y su distribución entre sí –distancia y orientación entre artefactos, yacimientos, etc.– y al respecto de otros elementos del territorio –recursos como agua, tierras aptas para el cultivo, materias primas, etc. Puede parecer a primera vista una cuestión bastante lógica: Así como la geografía humana estudia densidades de población o relación entre urbes y sus hinterland, la arqueología también hace lo propio. Pero una vía de investigación que a priori parece tan simple como en este párrafo se ha expuesto en realidad implica una gran complejidad. De nuevo los arqueólogos llevamos décadas peleados por darle forma a eso que se ha llamado caja negra pero en este caso aplicada a la variable espacial, es decir: de qué forma debemos traducir los datos sobre artefactos y sus vínculos espaciales en forma de que sean leídos como acciones y fenómenos culturales.

VARISCITA

A la izquierda, representación de los yacimientos prehistóricos de la Meseta Norte Española con adornos de minerales verdes. A la derecha, gráficas que relacionan la cantidad relativa de adornos de determinado material con la distancia a la fuente de ese material

1. La variable espacial en la arqueología tradicional

Obviamente la asunción de ciertas nociones de lo que posteriormente sería llamado arqueología espacial existía desde los mismos orígenes de la arqueología: Nadie estudiaba un artefacto como algo etéreo, aislado del mundo, sino siendo consciente de que había sido excavado en un lugar concreto, y cuando se comparaban dos artefactos se tenía en cuenta asimismo el lugar del que procedían. Por ejemplo, la identificación de objetos con unas características similares –cerámicas con decoración “cardial”, tumbas megalíticas, enterramientos por incineración en urnas– en áreas concretas –el Mediterráneo Occidental, la Fachada Atlántica, Europa Central– sirvieron para definir culturas arqueológicas, que por entonces eran entendidas como grupos étnicos. Es más, la presencia puntual de artefactos propios de una cultura arqueológica recuperados en coordenadas alejadas, insertas en un contexto de cultura material diferente, sirvió para empezar a hablar, si bien de forma un tanto irreflexiva, de comercio, colonización, emulación, etc.

Difusionismo Childe

Modelo difusionista de Childe reelaborado por Renfrew en su ensayo El Alba de la Civilización

En todo caso todas estas deducciones, en muchas ocasiones bastante rudimentarias, preceden al concepto de arqueología espacial, el cual es hijo de una concepción muy específica de cómo debe ser la arqueología.

2. David Clarke y la arqueología espacial

David L. Clarke fue un arqueólogo británico que revolucionó la forma de entender la arqueología en la Vieja Europa. En 1968 publicó su ensayo Analytical Archaeology, en el cual hizo un gran esfuerzo por sentar las bases de una forma de interpretar el registro arqueológico profundamente cuantitativista. Con la intención de eliminar la subjetividad que, a su parecer, lastraba las capacidades de la arqueología para extraer del registro material un conocimiento verdadero, planteó una estrategia basada en establecer formas estandarizadas –y por tanto replicables– de cuantificar ese difuso concepto de cultura arqueológica.

Clarke Analytical Archaeology

Dos figuras del Analytical Archaeology de Clarke que muestran algunos de los planteamientos de este arqueólogo para cuantificar culturas arqueológicas

En este trabajo Clarke planteó sucintamente el concepto de estrategia locacional, que vendría a ser la idea de que para que un grupo eligiera un lugar determinado para establecer un asentamiento –que sería el lugar ocupado por los yacimientos que han llegado hasta nosotros– habría tomado una decisión consciente derivada de un conjunto de factores entre los que se contarían la distancia a distintos tipos de recursos, la altitud y la orografía en general, otros asentamientos, etc. Partiendo de esto, dedicó los años posteriores a profundizar en esta cuestión pero falleció prematuramente en 1976. Un año después, en 1977, salió publicado de forma póstuma Spatial Archaeology, el manuscrito maquetado. En él estableció que la arqueología espacial “trata con conjuntos de elementos –materias primas, artefactos, establecimientos, estructuras, asentamientos, rutas y la gente que los ordenó– y sus relaciones” a distintas escalas, que hoy son ya clásicas: el nivel micro, que estudia la ordenación espacial de estancias, el nivel semi-micro, que estudia la ordenación espacial de asentamientos, y el nivel macro, que estudia la ordenación espacial de los asentamientos entre sí.

Clarke Spatial Archaeology

Extracto del capítulo de Clarke “Spatial information in Archaeology”, publicado en Spatial Archaeology, donde define cada una de las tres escalas de análisis espacial

Los planteamientos de Clarke bien podrían haber quedado en el olvido pero sentaron las bases de una escuela que, en ausencia de catedrático y sea por las circunstancias que fueran –la oleada neopositivista de los 60 y 70, la nueva información que codificaron las cartas arqueológicas, la generalización de la informática, etc.–, se desarrolló con bastante amplitud.

3. Técnicas de análisis espacial en arqueología

Los arqueólogos convencidos por los planteamientos básicamente teóricos de Clarke comenzaron a desarrollar o a tomar prestado de otras disciplinas distintas técnicas que permitieran identificar esas estrategias locacionales. Así, se comenzaron a estudiar las estrategias de explotación del territorio (mediante el Análisis de Captación de Recursos) o las estrategias de distribución y  jerarquización de asentamientos (mediante el Vecino más cercano, diagramas Voronoi-polígonos Thiessen o la Teoría del Lugar Central).

El Análisis de Captación de Recursos (ACR) fue desarrollado por arqueólogos de la denominada Escuela paleoeconómica de Cambridge y consiste en cuantificar qué proporción del territorio explotable por un asentamiento –es decir, aquellas zonas accesibles en una jornada a pie– se corresponde con uno u otro tipo de recurso: tierras improductivas, tierras arables, zonas de monte, etc. Todo ello para, así, deducir la orientación económica de las gentes que decidieron asentarse allí. Si buscaban pastos, si buscaban tierras de aluvión o de agricultura extensiva, si buscaban zonas de recolección, etc.

Higgs SCA

Ejemplo de análisis de captación de recursos publicado en Vita-Finzi y Higgs (1970): “Prehistoric Economy in the Mount Carmel Area of Palestine: Site Catchment Analysis“. Proceedings of the Prehistoric Society, 36

Hoy en día esta técnica sigue utilizándose aunque lógicamente con bastantes mejoras. Los nuevos software GIS y las bases de datos cartográficas digitales permiten calcular el área de captación de recursos de forma mucho más rápida e introduciendo elementos de mayor precisión: Ya no se considera esa área como la circundante 1, 2 ó 5 kilómetros del asentamiento, sino el área accesible a pie en un tiempo determinado –pues no es lo mismo andar por un terreno llano que por otro abrupto. Además, se compatibiliza el ACR con las llamadas cuencas de visibilidad, que son aquellas zonas que, considerando la orografía, son visibles desde el asentamiento.

Fig.2. Sequence color

Ejemplo de dos estrategias locacionales claramente contrapuestas. A la izquierda Las Arnillas, localizado en un lugar sin tierras explotables pero prominente, con un amplio control visual de elementos como túmulos y rutas. A la derecha Nava Alta, localizado en una zona con abundante terreno apto para el cultivo y además cruce de caminos pero que por el contrario desde el que apenas se puede ver nada. Artículo completo aquí.

Mientras que el ACR estudia la relación de un asentamiento con su entorno, hay otros análisis como el Vecino más cercano (Nearest Neighbor) o los diagramas Voronoi-polígonos Thiessen que estudian la distribución de varios asentamientos. El primero es un test puramente numérico que sirve para identificar si un conjunto de puntos –los yacimientos– se distribuyen de forma homogénea por un espacio –territorio– o si por el contrario se concentran en determinados lugares. De ser la segunda opción, resulta interesante comparar las áreas en las que se concentran los asentamientos para indagar en esa estrategia. El segundo tipo de análisis emplea el procedimiento de teselación de los diagramas Voronoi-polígonos Thiessen: considerando un espacio con puntos, dividirlo en áreas de tal manera que en cualquier lugar de cada una de ellas el punto más cercano siempre sea el punto central de la misma. Si consideramos que los puntos son yacimientos y el espacio el territorio en el que se localizan, los diagramas-polígonos representarían la zona de influencia directa de cada uno de los yacimientos, una forma de indagar en la territorialidad y/o en los recursos disponibles para cada una de las comunidades.

Renfrew Thiessen

Este análisis de polígonos Thiessen de los túmulos de la isla escocesa de Arrán realizado por Colin Renfrew reveló que a cada uno de ellos “le correspondería” un territorio de similar tamaño y con similar distribución de recursos. También afirma este autor que la parcelación generada por los polígonos Thiessen coincide de forma aproximada con varias de las actuales divisiones administrativas de la isla

Como complemento a los análisis de territorialidad entre yacimientos todos ellos con un mismo rango jerárquico se le añaden otras consideraciones derivadas de la llamada Teoría del Lugar Central del geógrafo Walter Christaller. Postulada originalmente en el ámbito de la geografía urbana de las sociedades industriales, estudiaba la organización de localidades con distintos rangos jerárquicos –pueblo / villa / ciudad, etc.– y planteaba, entre otras cuestiones, que cuando existe una jerarquía, las localidades de menor rango tienden a ordenarse con geometría hexagonal alrededor de los de un rango inmediatamente superior. Así, una forma de identificar la existencia de jerarquías de asentamientos –propias de sociedades complejas como jefaturas o estados- vendría del simple análisis del tamaño y distribución de asentamientos.

Flannery The Ground Plans of Archaic States

Ejemplos de análisis del lugar central extraídos del artículo de Kent Flannery “The Ground Plans of Archaic States”, publicado en el ensayo Archaic States.

Éstas son sólo algunas de las formas en que se ha hecho la arqueología espacial, quizás las más generalizadas o estandarizadas. Pero hay otras muchas formas de estudiar la distribución de asentamientos en el espacio, por ejemplo una de la que aquí ya se ha hablado en relación con la arqueología del comercio como las llamadas curvas de decrecimiento monotónico. Y notad que hasta ahora sólo se ha hablado de esa escala macro de las definidas por Clarke, la que afecta a las relaciones de yacimientos entre sí y con el medio. Las escalas micro y semi-micro han tenido también amplio desarrollo por ejemplo para el estudio de la organización interna de ciudades antiguas –divisiones funcionales, divisiones de clase, suborganizaciones de tipo “corporativo”, etc.– con resultados muy interesantes sobre cómo se relacionan espacialmente los distintos elementos de la actividad humana en el pasado. Si os interesa indagar en las distintas técnicas de análisis elaboradas a este respecto podéis consultar los diversos volúmenes de la revista Arqueología Espacial, editada entre los años 1984 y 2009.

4. La dicotomía territorio-paisaje

Como en otras muchas de las parcelas de la arqueología, desarrollos como el de la arqueología espacial de los 1970’s, cuantitativistas –partidarios de estudiar los materiales por la vía de lo exhaustivo y la estadística– y universalistas –que entendían que las distintas técnicas eran perfectamente aplicables a todas y cada una de las distintas culturas representadas en el registro arqueológico– fueron duramente criticados por los arqueólogos posprocesuales (posmodernos) a partir de los 1980’s. Estos segundos consideraban que concebir a las culturas pasadas como meros gestores de la explotación eficiente del territorio era ingenuo, y que básicamente no era sino trasladar al pasado una mentalidad propia del mundo capitalista moderno. Por el contrario, creían que los estudios en la vertiente espacial debían incidir en los aspectos interpretativos y culturales. Frente a una arqueología del territorio abogaron por una arqueología del paisaje, enfatizando paisaje como algo interpretado y culturalmente construido.

La arqueología del paisaje ha incidido en reconstruir el espacio tal y como lo percibirían los grupos prehistóricos, incluyendo elementos difícilmente cuantificables como por ejemplo accidentes significativos –el caso paradigmático es la Peña de los Enamorados, un monte antropomorfo hacia el que se orientó el corredor del colosal dolmen antequerano de Menga– o la propia huella del ser humano anterior a los periodos estudiados –los dólmenes, pese a construirse en el Neolítico, fueron monumentos visibles y en ocasiones intensamente reutilizados en momentos posteriores como las Edades del Cobre, Bronce o Hierro.

800px-Dolmen_de_Menga,_Peña_de_los_enamorados_desde_el_interior_del_dolmen

Fotografía de La Peña de los Enamorados tomada desde el interior del corredor del dolmen de Menga, procedente de wikimedia commons.

Como consecuencia la pregunta que cabe hacerse es… ¿Condicionó el paisaje –interpretado– a los grupos prehistóricos en cuanto a su explotación del territorio –material? ¿Fue a la inversa? Como siempre, preguntas cuyas respuestas quedan en el aire y que quizás sea responder en algún momento. Pero no todavía.

Marzo de 2018

Licencia CC BY-NC-SA

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